Los Pinos

Solo la pineda pudo arraigar en la pradera yerma, desde antaño barrida por los aires sin estorbos que antes viajaban deprisa.
Hoy sujetan su urgencia las ramas crecidas de los negrales pinochos, elevados del provisional aeródromo ya inútil. Que fue arañado por yuntas de bueyes dóciles para alinear los guijarros ocultos por esbeltos gamones, setas de cardo y olorosa manzanilla buena, para acunar los pies enanos del plantío longevo.

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